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sábado, 22 de junio de 2013

Educación, poder y hegemonía


Esta semana fue de gran estrés, terror, inseguridad y sus consecuentes daños gástricos (todos riman con itis) por ser estudiante de doctorado dentro de una universidad mexicana. Empiezo este Post con esa información personal porque justo el tema de éste tiene que ver con la educación y el poder, lo cual provoca este tipo de estragos psicológicos y hasta físicos (por decir algo de manera superficial) en los estudiantes, no sólo de posgrado, sino de licenciatura, preparatoria, secundaria y hasta primaria (no dudaría que en el caso de kindergarten exista esta clase de estrés en cierta medida).

¿En qué momento estudiar se vuelve uns actividad indeseada, aburrida y hasta aterradora? Estudiar, es decir, ese fascinante proceso que paulatinamente nos lleva a adquirir más conocimiento del mundo, y de ampliar nuestros horizontes, nada tiene de aterrador en sí mismo (bueno, a veces comprender las cosas del mundo puede ser  angustiante, pero ese no será el tema de este texto por ahora). Entonces, ¿por qué los niños generalmente reniegan de ir a la escuela y mueren de regocijo cuando las vacaciones empiezan? ¿Por qué el estudiante de posgrado está condenado a años de estrés, sufrimiento y días enteros en los que su corazón se acelera, el estómago duele y no encuentra paz hasta que el coloquio de avances e investigación pasa?

Aunque estas circunstancias sean el pan nuestro de cada día para estudiantes y allegados a ellos, no son algo normal ni mucho menos correcto. Justo ayer uno de mis tutores, profesor del Colegio de México (institución que, por cierto, merecería  mención en algún párrafo de este escrito), me sugería tomar una clase para reforzar mis conocimientos sobre el periodo colonial. Me dijo que en el COLMEX cierto investigador solía abrir una clase muy buena, que investigaría cuándo tendría lugar el próximo semestre para que yo pudiera intentar tomarla (porque primero habría que ver si dicho investigador me aceptaría),  -eso sí, él suele aterrorizar a los estudiantes. Es muy especial, pero los que soportan el curso, se llevan mucha cosas buenas de él. Es muy bueno- ,me  aclaró el tutor. Dicho sea de paso, mi tutor mismo me aterra en sobremanera, y era justo él quien me hablaba de alguien más aterrorizador (¡vaya monstruos chupa sangre!). Claro, son muy "buenos".
¿Cómo puede ser bueno un profesor que aterra a los estudiantes? ¿Cómo puede ser buena y correcta la enseñanza a través del terror? Por supuesto que no lo es, y esas dinámicas, que no son más que relaciones de poder cargadas de muchísima ideología, sólo están alimentando y reproduciendo la lógica capitalista en cuanto a lucha de clases, en particular, la relación hegemónico-subalterno. En una relación de estudiante-tutor o profesor en un posgrado, el primero siempre está en una posición subalterna, en la que sin importar nada, debe estar sujeto a lo que el otro le demande y disponga. ¡Ni qué decir de ese rito de paso que es el examen profesional! Ahí, la posición y función del sínodo es incluso gráficamente acomodada de acuerdo a esas relaciones de poder. 
En el caso de la educación básica, es lo mismo: el "maestro" llega en una actidud de poder con el "alumno", quien vive aterrado de reprobar, de no hacer la tarea, etc. La escuela es, desde los años iniciales, un instrumento del sistema ideológico dominante, un modo para continuar reproduciendo las dinámicas y estructuras que le dan vida. Es una herramienta de la cual se vale el Estado para imponer los valores y modos que le permitirán continuar su control sobre la población. En este sentido, hay materias que lo hacen de modo más directo dentro de la educación primaria y media: civismo e historia quizá sean las más representativas. Sin embargo, en su conjunto y por la forma en la que se imparten, todas las clases en una escuela son esa herramienta para "educar" en las dinámicas de poder.

La solución es muy sencilla de ver, pero difícil de poner en práctica. La educación del largo siglo XX (que, siguiendo el modelo de Braudel, no empieza en 1900 ni termina en 2000), está caracterizada por la memorización de diferentes datos  (fechas, poemas, fórmulas, artículos...) que tarde o temprano se olvidan. Es la escuela de "una sola respuesta correcta", de seguir lo que el profesor dice como palabra sagrada y del camino tedioso pero simple. Y claro, es más fácil, memorizar y, mis colegas docentes no me dejarán mentir, es muchísimo más sencillo evaluar numéricamente (otro conflicto de la educación en el que en esta entrada no me meteré) un examen de preguntas con una sola posibilidad de respuesta (más si es de opción múltiple), que un examen o ejercicio de reflexión en el que la labor de pensar no sólo está en el estudiante, sino también en el docente a la hora de evaluar. De esta forma, la solución sería romper con esos modelos de enseñanza y aprendizaje, de tal forma que los estudiantes aprendan a analizar.

¿Existe algún sistema educativo que rompa con esos viejos paradigmas? Por supuesto que lo hay, y para mi fortuna, aunque con dolor, he conocido uno: el IB (bachillerato internacional), cuyo modelo justo se enfoca en este pensamiento crítico, análisis, conexión con el mundo real y hasta rompe con esas relaciones de poder, pues incluso el estudiante debe auto evaluarse, dejando claro que el profesor no tiene la última palabra. ¡Qué bonito! Entonces, ¿por qué me provoca dolor conocerlo y ponerlo en práctica? Bastará con que escriban en Google "colegios IB en México" (aplica para cualquier parte de Latinoamérica) y encontraran la respuesta. ¿Qué tipo de escuelas son las que cuentan con este programa? ¡Exacto! Las que pertenecen a la clase hegemónica y a las que, por lo tanto, sólo puede acudir un muuuuuuuuy pequeño porcentaje de la población. Y no es casual, de verdad que no lo es. Y hay excelentes docentes que educan en esta clase de sistema (y no lo digo por mí, que aún estoy en pañales en cuanto a labor docente), tan buenos que si ellos fueran los que se encargaran de la educación en las escuelas públicas, el cambio  en la población sería notorio e inmediato. Por supuesto que el sistema ya hubiera colapsado porque los estudiantes estarían pensando críticamente todo el tiempo y los ciudadanos no se dejarían de muchas cosas que el estado les hace. NADA ES CASUAL.

¿Qué es lo que pasa en la otra aparte, en las escuelas de los subalternos, con la enseñanza y los docentes? Eso y algunas ideas de combate a través de la enseñanza de la historia, será tema del siguiente Post. 

lunes, 17 de junio de 2013

No hay alumnos, más que los que se creen maestros

Hoy, gracias a un sorpresivo curso de Historia Crítica que comencé a tomar en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, aprendí que, como en Bolivia, JAMÁS debo llamarle "alumno" a un estudiante. La aversión a la escuela por parte de los niños en el sistema educativo tradicional es justo la verticalidad y las relaciones de poder entre quien enseña y quien aprende. Todo sería mejor en una relación horizontal en la que estudiantes y "promotores de la educación", construyen el conocimiento juntos. 
Dicho sea de paso, noto grande soberbia en llamar  "mis alumnos" a los que estudian bajo tu instrucción, pues es como decir "aquellos que no tienen mi luz". Claro, muchas veces no somos conscientes de las implicaciones del lenguaje, ni de la ideología implícita en las prácticas tradicionales. Podría decir somos más "alumnos" (con su significado etimológico)  los maestros que no nos damos cuenta de esas cosas, que los mismos estudiantes. No obstante, basta (aquí sí) la luz de las corrientes críticas para empezar a cambiar los viejos paradigmas.
Algunas de mis grandes preguntas, dada mi condición de "maestra" dentro de una escuela propia del sector hegemónico, son las siguientes:  ¿puede existir una especie de pedagogía para los opresores (o los hijos de) -haciendo alusión a la pedagogía del oprimido de Freire-, que funcione para la conciencia en favor de su contraparte y la disolución de esas relaciones de poder? ¿Qué tanto puede un modelo crítico de la educación trabajar en favor de la subalternidad,  desde la instrucción a los miembros de las clases hegemónicas? ¿Qué características tendría que tener dicho modelo para funcionar? Quizá son preguntas tontas, si consideramos que el cambio debe ser desde los promotores de la educación -para hacer uso del término zapatista que conocí hoy- y el sistema hegemónico dominante en definitiva no propiciará esos cambios en el sistema. No obstante, ¿podría hacerse una guerra con las armas de la educación infiltrándonos en esos núcleos, como sin querer lo estoy ahora? 

domingo, 16 de junio de 2013

Décima del tapir


Llámenme tapir o danta,
o si quieren anteburro,
de mi nombre no me aburro
y mi condición me encanta.
Tengo trompa y no me espanta
que me digan elefante,
soy quizá más elegante
o, de menos, particular,
puedo ser presa de un jaguar
y en la selva sigo avante.

La llave (soneto)



Callo el secreto de amor que te tengo
porque una angustia y dolor vaticino,
hay penumbra por el rumbo en que vengo
no es mi culpa elegir este camino.

Lo cierto es que al desprecio no me atengo,
aunque en saber desaires nunca atino,
respeto a tu pureza es que convengo
y evitar estropear a tu destino.

Está el amor que tengo en caja fuerte,
con candado de silencio y discreción,
la llave es voz oculta hasta la muerte,

guardada en mi conciencia y mi razón,
 visible y a la espera de otra suerte
milagrosa que despierte tu pasión