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viernes, 6 de mayo de 2011

URGE AYUDA PARA LA HUASTECA:


(Foto tomada de: http://www.eldespertar.mx/fotos/incendiovistadesdecoah_EFE.jpg)

Los fuertes incendios en la Huasteca Potosina han ocasionado graves pérdidas, tanto materiales como humanas. En un medio rural en el que la economía campesina es la base de la subsistencia de los habitantes, a través de la agricultura (pues el trabajo asalariado es eventual y mal pagado), un evento de esta naturaleza es catastrófico, pues la producción se pierde, la salud se deteriora y, por supuesto, muchas casas y pertenencias quedan en el pasado.

A continuación pego un aviso que me llegó vía facebook, pues urge ayuda para la Huasteca.

Solicitan ayuda urgente para las comunidades de la Huasteca Potosina. Nos piden alimentos enlatados, aceite, cafe, frijol y arroz, leche en polvo, utensilios de cocina, etc. Para las comunidades Tenek que han perdido sus casas debido a los incendios. Pueden dejar sus donaciones en la jefatura de Etnohistoria-ENAH de 10 a 5 pm. Los miércoles hasta las 7 pm. Del 6 al 13 de mayo. Pueden hacer donaciones monetarias para apoyar a los campesinos, para comprar insumos para la resiembra y replantación de las zonas afectadas. Banco: BANCOMER · Cuenta: 1237713452 · CLAVE Interbancaria: 012705012377134524 APELAMOS A SU SOLIDARIDAD Y LES PEDIMOS QUE DIFUNDAN ESTE MENSAJE.

martes, 3 de mayo de 2011

¿Será el final? Ensayo sobre la amistad


"¿Será el final?" Según recuerdo, así titulé un cuento que escribí en segundo de secundaria para mi materia de lengua española. En él hablaba sobre la pesadilla de una ciudad en ruinas y el fin del mundo, historia que concluía, quizá trilladamente, con un personaje que despertaba en su cama, con la buena nueva de otra oportunidad para cambiar al mundo.
El mismo título escatológico le pertenece a una canción de una cantante colombiana, por mí muy admirada y a quien nunca tendré el placer de escuchar en vivo porque, por desgracia, falleció hace unos 4 ó 5 años por causa de cáncer. La canción trata de indiferencia, falta de pasión, frialdad, un sentimiento que se va después de años, y la sospecha de que el amor acabará. La letra, nada fuera de lo común, es opacada por las notas de un dramático bajo en el fondo, cuyo estupendo sonido roba por completo la canción.
Siguiendo con ese país, dicho sea de paso, el buscador de internet me arrojó el dato de que así se llama otra composición colombiana, pero con ritmo de vallenato, que, para no variar, habla sobre la partida de un amor y la desdicha del que es abandonado. Parece que lo único que preocupa a la gente que se acabe es el dinero, la salud y el amor.
Esta vez recupero el título de ese malo y viejo cuento de mi adolescencia incipiente, para ponérselo a este pequeño "ensayo" que, anticipo, quizá resulte más similar a la entrada de un diario adolescente. La pregunta en la que se basan estas líneas ocultan el objeto del que hablo; ¿el final de qué? Hoy quiero hablar de uno de los aspectos más importantes de la sociedad que, sin duda, casi todo el tiempo es olvidado por los estudiosos de las ciencias sociales, tal vez porque su existencia en cuanto a concepto no está muy bien delimitada: la AMISTAD. Esta palabra, al menos de primer momento, podemos decir que se trata de una condición y, probablemente (y esto lo pongo entre signos de interrogación) ¿de un sentimiento?; una condición establecida por común acuerdo entre dos personas, y el sentimiento que las vincula. Aún si estas dos acepciones complementarias fueran válidas, la identidad del concepto no es clara, y probablemente por ello se evita tratarla y estudiarla como parte de la estructura social, pero también desde el punto de vista del complejo mundo de las emociones.
Hoy me pregunto sobre el final de “una amistad” en mi propia vida y reflexiono en torno al significado de esa palabra. Me planteo también por qué la gente canta, llora, sufre, se deprime y hasta llega a suicidarse por separarse de un amante, pero pocas veces cubre todo el cuadro dramático (sin despertar sospechas de enamoramiento e identidad sexual diferente a la establecida) cuando quien se aparta es un amigo.
Advierto que a lo largo de estas líneas dejaré entrever a mi lector parte de la historia personal que me ha llevado a escribir estas reflexiones. Ojalá que al término de esta entrada, tanto ustedes como yo, entendamos mejor este aspecto de las relaciones sociales y, si es que de algo pueden servir estas elucubraciones ociosas, podamos comenzar a darle el peso y el significado que se “merece” este humano concepto de la amistad.
Condición/sentimiento. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española como primera definición para la palabra amistad nos dice que ésta se trata del “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. No obstante, también nos propone el sinónimo de “amancebamiento”, es decir, “trato sexual entre hombre y mujer no casados entre sí”. Asimismo, la define como “merced, favor” y como “pacto amistoso entre dos personas”. Esta última, poco o nada nos dice para entender el concepto.
De esta suerte de definiciones, lo que es destacable y rescatable es que en todas está la presencia de un común acuerdo, de algo compartido, lo que diferencia a este “sentimiento” (si es que se puede llamar así) de los demás, como el amor. Es decir, no puede existir amistad sin reciprocidad, incluso en su connotación de amancebamiento. Entonces la reciprocidad es la base de la amistad. No basta con albergar sentimientos por alguien; si éstos no son recíprocos, la amistad es inexistente. En cuanto las dos partes comparten un sentimiento y comienzan a tener un trato fundamentado en él, se habla de que existe la condición de amistad. Pero ¿en qué momento ocurre esto? ¿Cuándo dos personas saben que comienzan a tener una amistad con otra? La amistad, en este sentido, ¿es un sentimiento por sí misma, o es sólo una forma de lidiar o interactuar con un sentimiento?
Como hipótesis me voy por la segunda opción a la última pregunta; la amistad, más que un sentimiento en sí mismo, es una forma de interacción social fundamentada en el amor ligero o profundo, pero recíproco. Dicho sea de paso, el amor, en cuanto a los sentimientos que involucran a un tercero (objeto o persona) es el único sentimiento existente, pues su opuesto, el odio, no genera sensación o síntoma alguno, sólo es un pensamiento negativo constante y el deseo de hacer mal.
Y ¿qué es un sentimiento? Tiene varios años que lo he definido como “un pensamiento que produce una sensación”. Por eso la forma de sentir (de sentimiento, no de sensación) puede variar de acuerdo a las culturas, por lo que, si bien el amor o el miedo existirán en todas, los fundamentos de estos no serán iguales. La reciprocidad, sin embargo, casi se podría establecer como una ley (valga la afirmación) en las relaciones sociales. Los dones que Marcel Mauss analiza en Essai sur le don, dentro de las llamadas sociedades primitivas, son un ejemplo perfecto de la materialización de la reciprocidad y, en teoría, la economía debería de responder a esa lógica recíproca, de forma tal que la explotación de los obreros no causara descontento, agitación y pobreza en el mundo. Aún así, hasta en esta sociedad capitalista, está presente la reciprocidad en el acto del consumo (aunque sea en el discurso), desde el momento en que tenemos que dar algo (dinero) para recibir otra cosa (mercancía).
La reciprocidad es necesaria para mantener un… llamémosle “equilibrio social” y, por supuesto, la solidaridad de la que tanto escribió Émile Durkheim. La estructura social sería tambaleante o de plano inconstruible sin la reciprocidad. Por eso, esta reciprocidad casi agotada por causa del capitalismo nos está llevando a la destrucción, al menos de manera global.
Pero ¿y qué hay de la amistad? Al momento me parece que ésta es la manifestación de la reciprocidad en el ámbito social. La amistad es un acuerdo de colaboración implícito en una cierta dinámica de interacción, para procurar bien de las necesidades, tanto emocionales como prácticas, de los implicados. Por tanto, es una condición del ser humano en relación a otro. Por lo mismo, es ridículo cuando las naciones se declaran ser amigas de otras, pues no hay sentimientos, sino solamente intereses. Lo cual no quiere decir que entre las amistades los intereses sean inexistentes, pero lo importante es que la presencia del amor[1] debe existir y éste debe ser mutuo.
La amistad se establece justo en actos de reciprocidad que se van manifestando en el día a día. Siempre una parte comienza a realizar actos que serán correspondidos más tarde para la otra persona y, después en sentido contrario, por lo cual se formará el vínculo recíproco amistoso. El sentimiento nacerá al sonreír por el bienestar ocasionado durante la interacción con el otro individuo, por la felicidad que ocasiona el buen humor del otro (en el caso de aquellos carismáticos que tienen la facilidad de hacer reír), por la complicidad ante situaciones que se presentan, por la tranquilidad de la comprensión y de descubrir afinidades. Una amistad jamás se dará sin eso pero, sobre todo, sin actos devueltos en los que alguien debe dar el primer paso.
Cómo acaba la amistad. Dicen que los verdaderos amigos son para siempre. Puede ser, aunque en la vida, sobre todo cuando somos muy jóvenes, circulan por ella (al menos fue mi caso) cantidad de mejores amigos que surgen de acuerdo al momento vivido y, si bien no necesariamente los anteriores desaparecen, el rol y, por tanto, el “estatus” (metafóricamente hablando) en la jerarquía de las personas importantes de los viejos amigos, cambia y se queda un poco atrás, hasta que muchos años pasan y uno se da cuenta de que los que permanecen, aunque quizá con menor afinidad se vuelven una suerte de familiar, con el q puedes o no llevarte bien. El “amor incondicional” prevalece por sobre la afinidad, pero esa incondicionalidad en realidad es visible con el escondido trato de reciprocidad. ¿Cuántas veces no hemos dicho “Sutanito es mi súper amigo, casi no lo veo, pero si me llama y me dice que tiene un pedo[2], corro a ayudarlo”. Seguramente Sutanito dirá algo similar de quien afirma lo anterior y, por tanto, la amistad continúa a pesar del alejamiento.
En mi caso particular, que me orilló a escribir estas líneas, se trata de una amistad de hace ocho años en peligro. En sus inicios me tocó (raro) ser aquella del primer paso en el vaivén de actos cordiales mutuos, lo cual nos llevó a tener una sólida amistad y a sentir gran amor al cabo del tiempo. No obstante, la semana pasada una fuerte disputa nos llevó al alejamiento que, por la magnitud de la discusión, llegué a pensar que sería irreversible. Aunque, por otra parte, consciente del distanciamiento, también me dije a mí misma “bueno, si de plano esto no tiene arreglo, mi lealtad continuará a pesar de que no nos veamos ni hablemos. Si un día ella tiene un problema, estaré ahí para ayudarla”. Así es que sin duda NO FUE EL FINAL, porque además el amor mutuo continúa. El problema, en realidad, fue que la interacción entre nosotras era cuasi muegánica desde hacía varios años y en esos casos, la forma de afrontar los cambios obvios de la vida se vuelve más complicada porque, además, la afinidad se mantiene. Al cabo de los días terminamos por hablar y comprender mucho de lo que aquí presento. Las asperezas se limaron.
No he hablado de la figura del compadrazgo, que en estos casos de amsitad urbana puede transformar la amistad en un parentesco ritual (no es el propósito de esta entrada). Pero, basta decir que quizá en un futuro, si llego a tener hijos y, pese a mis reniegos religiosos, opte por bautizarlos y enjaretarle el madrinazgo. El efecto será el de una amistad bajo normas sociales que, a fin de cuentas, sólo reglamentará los deberes de la reciprocidad a través de una figura ritual. El orden y la armonía se mantendrán, y una estructura de las relaciones sociales seguirá construyéndose con firmeza.


[1] Para ver un somero acercamiento al concepto cultural del amor, ver en este mismo blog: Juan Pérez Jolote y algunas reflexiones sobre el amor, publicado el 2 de julio de 2008.
[2] En la jerga juvenil mexicana vulgar, significa problema.

martes, 22 de marzo de 2011

Sube el precio del agua, crece la incoherencia, la inconformidad se desborda.


Este blog, hasta hoy, no se había dedicado a cubrir quejas sociopolíticas de asuntos que concernieran a su autora directamente. La dinámica de las entradas en éste, si bien se enfocaban a temas sociales y culturales, se había procurado hacer sobre temáticas de interés global o incluso personal pero al estilo existencial, romántico o como le quieran llamar, por mero entretenimiento. No obstante, lo que hoy le afecta a su autora, le está afectando a muchos mexicanos radicados en el Distrito Federal y en otras partes de México: el precio del agua.

Hace varios años hice un primer coraje cuando mi familia chiapaneca me contaba acerca del precio que pagaban por el agua. En aquellos años (aproximadamente 2004) mi tía abuela dijo haber pagado más de $1500 en un bimestre, siendo ella una persona sola que además vivía en una casa pequeña de la que había estado ausente varias semanas en ese periodo. Al parecer, después de varias vueltas a la comisión del agua, descubrieron que los medidores estaban mal y se le estaba cobrando aire. Mi abuelo, también radicado en Tuxtla Gutiérrez, pagaba alrededor de $500, cuando solamente habitaban su casa dos personas. Mientras tanto, en la misma época, mi recibo en el Distrito Federal apenas y ascendía a los $30 (por dar un número redondo, porque en realidad era mucho más bajo), existiendo tres o cuatro personas haciendo uso del agua constantemente cada bimestre.

Hasta ese momento, y pese a que mi bolsillo se veía beneficiado, no dejaba de pensar en lo injusto del precio por el acceso a ese recurso. Era ilógico que en Chiapas, estado que alberga cuatro presas hidroeléctricas -lo cual debería significar que el agua abunda-, la gente pagara tan altas tarifas por el agua, mientras en el Distrito Federal, dentro de la delegación Benito Juárez que nada tiene que ver con albergar H2O, fueran risibles los montos a pagar por ella.

Años más tarde, a partir del 2009, se decretó que en la Ciudad de México se cobraría de acuerdo a la zona en la que se encontrara la residencia (algo así como por nivel socioeconómico). En los recibos apareció mi hogar como "manzana alto" (lo cual, si se compara con el predial, nada que ver) y comenzamos a pagar, ya no las risibles cuotas, sino ahora sí, tarifas que llegaban a más de doscientos pesos, lo que significó que el munto a pagar subió en un %800 más o menos. No hubo protestas al respecto en mi familia porque, bueno, se trata del agua y, sabiendo los precios altísimos (que a la par, dicho sea de paso, seguían incrementando) pagados en Chiapas, nos parecía justa dicha tarifa; es más pensábamos que con ello quizá la gente en la ciudad la valoraría más y la desperdiciaría menos. Lo ideal hubiera sido que nos subieran a nosotros los precios para bajarlos en provincia y en las zonas marginadas de la ciudad donde de plano no debería cobrarse ni un solo centavo. Pero claro, la centralización siempre le hace pagar los platos rotos a los que menos deberían.

Este año comenzamos pagando alrededor de $350, lo cual estaba bien. Sin embargo, ¡oh, sorpresa! Nos llega el recibo del mes de marzo, que por cierto era de otro color, y la tarifa marcaba, no $300, no $400, no $500, NO $600!!!!!! Marcaba $1,363!!!!!!!!! MIL PESOS MÁS de lo que solíamos pagar. ¿Es eso justo? Si es por tipo de zona, la mía no es alta, mucho menos mi edificio, mucho menos si es EDIFICIO, o sea que vivo en departamento. Si yo viviera sola y no compartiera gastos con mi hermano y mis padres que nos ayudan, yo tendría que elegir entre comer o bañarme, porque además el costo fue parejo para todos. ¿Qué el agua no es un derecho?

Mi madre, que por fortuna está en la ciudad, fue a quejarse a las oficinas del sistema de aguas de la ciudad de México, en donde resulta que había toda una multitud enardecida metiendo quejas pues, si bien los ricos deben pagar lo que los pobres no pueden, estos deberían de ser bien ubicados y no hacer pasar por ricos a la gente clasemediera o de plano pobre que habita en zona media (insisto, MEDIA, que no alta como lo indica mi recibo). Sin embargo, la realidad es que la mayoría de la gente que estaba ahí no pertenecía al sector de la sociedad que pueda pagar esas tarifas. Es más, aún (que no lo es) si el predio de mi departamento fuera demasiado alto y la zona catalogada como alta, seguiría siendo una arbitrariedad y una incoherencia que nos cobraran eso de la noche a la mañana. ¿Qué acaso el gobierno no tiene nociones básicas de sociología y no conoce el término de "movilidad social"? Mucha de la gente que habita estas zonas en algún momento, hace muuuuuuchos años, cuando la situación del país no estaba tan tirada a la calle, logró hacerse de una casa o departamento que es donde hasta la fecha viven. Pero las condiciones del país en materia laboral, las condiciones propias en la vida de cada persona y un sinfín de factores pueden haber ocasionado que el estrato social y las posibilidades económicas de esas personas bajara.

Lo que sigue en el caso de mi condominio es que debemos de meter un escrito para parar estas arbitrariedades gubernamentales y esperar a que nos cambien de tabulador (o como se llame eso de la clasificación por zonas). Siendo realistas, un narvarteño no puede estar destinado a pagar lo que alguien de Polanco y un narvarteño de edificio antiguo no puede estar pagando lo mismo que el narvarteño de la casa gigante y moderna de la otra cuadra. No es posible que cada uno de los departamentos del edificio en el que vivo, mismos que no exceden de 100 m2 y en los que no viven más de 3 o cuatro personas (en varios de ellos sólo dos) estén obligados a pagar exactamente lo mismo (porque el recibo nos llegó a todos con la misma cantidad), aún cuando, como es el caso de algunos de mis vecinos, ni siquiera están todo el tiempo en la ciudad.

Espero que mucha de la gente que está sufriendo estas situaciones despierte a la realidad de que algo hay que hacer. Seguramente, confío en que las quejas servirán y nos cobrarán a fin de cuentas lo que es justo, pero esto no puede acabar aquí. Tenemos que volvernos conscientes de otras situaciones para poder llegar a poner orden en nuestra propia ciudad y en nuestro país. La opinión pública debe tener fuerza, pero ésta no debe estar velando sólo por los intereses propios sino por los de todo el contexto global. Debemos empezar por cuidar el agua y todos los recursos de nuestro mundo, y no permitir un mal funcionamiento del sistema...

Confieso que me cuesta trabajo postear esto cuando en realidad sé que hay otros asuntos en esta materia que son sumamente enojosos y que se deben denunciar, como es el caso de lo que ocurre en algunos sitios de la ciudad, como las zonas más marginadas de la delegación Iztapalapa, en las que de plano ni el agua es suministrada en varias ocasiones. Por eso, como seudo burguesa que soy (o fui), sé que debemos luchar con coherencia, exigir nuestros derechos, pero también los de los demás. Sólo así podremos de verdad llegar a un orden y a la justicia social.

Todo esto implica un trabajo desde el propio hogar, colonia, delegación, ciudad, pero tampoco podemos dejar que se exploten o se desperdicien sin control nuestros recursos globales que son de todos. En el país hay demasiadas industrias refresqueras (sí, la primera en la que deben pensar: coca-cola, por ejemplo), industrias mineras (las canadienses que están siendo una plaga, por ejemplo), plantas termoeléctricas, hidroeléctricas... Todo eso atenta contra el mismo recurso hidráulico , además de la fauna y flora que la habita y existe en los ecosistemas, sin mencionar el principal problema: el desplazamiento humano obligado que, obviamente, acarrea movilidad social para mal, entre otros conflictos que no son tema en esta ocasión.

No podemos arreglar una sola cosa; no podemos sólo limitarnos a solucionar nuestros recibos, tenemos que luchar sistémicamente, es decir, en cada uno de los aspectos de la sociedad,(naturaleza, educación, política, etc.) que forma nuestra realidad. Por algo se empieza; empecemos por la conciencia.

Foto: Vista de la presa Nezahualcoyotl (Malpaso), Chiapas.

domingo, 13 de febrero de 2011

¿Crimen misterioso?


Durante los primeros años del siglo XX, mi bisabuelo fue inculpado injustamente de haber dado muerte a su padre. El infortunado evento ocurrió en Chiapas, en el Departamento de Chilón, dentro de la finca Candelaria Pamanavil, el 13 de febrero de 1905.

Cuando el Tribunal Superior al fin concedió su inocencia, Hermógenes Caballeros emitió un texto en el que daba su versión de los hechos y la explicación a su injusta acusación; el asesinato de su padre, Ezequiel Caballeros, había sido mandado ejecutar por una “mano enguantada y de perfil aristocrático”, con el móvil de querer adueñarse de las tierras que le pertenecían, a cambio de tan sólo unos “tres cacaos”. *

Aunque Hermógenes Caballeros no revela los nombres de los verdaderos culpables, es un hecho que durante aquella época la zona a la que pertenecía el Departamento de Chilón era sumamente codiciada, debido al interés por el “oro verde”, como le llamara De Vos (1988) a la madera de la Selva Lacandona. Desde 1894, en que Porfirio Díaz proclamara la Ley sobre Ocupación y Enajenación de los Terrenos Baldíos de los Estados Unidos Mexicanos, las casas comerciales comenzaron a adueñarse sin control de las tierras de la Selva Lacandona. Con esto se suprimieron muchas trabas y se agilizaron los trámites para adquirir y explotar la propiedad territorial, que podía ser perpetua a partir de este momento, por medio del Gran Registro de la Propiedad de la República. Cualquier habitante de la República tendría derecho a denunciar terrenos baldíos. El tercio de los baldíos podía convertirse en propiedad privada para las compañías que los habilitaran, el resto sería parte de los terrenos nacionales (De Vos, 1988).

La posibilidad de arrendamiento o aparcería de los terrenos no deslindados y reglamentos permitieron la explotación de maderas y resinas, quedando en manos extranjeras gran cantidad de tierras, tan codiciadas, que para 1895 ya sólo había terrenos baldíos denunciables en los departamentos de Las Casas, Palenque y Chilón. Las casas comerciales extranjeras formaron una oligarquía en Chiapas y había una constante búsqueda de expansión de sus latifundios, a costa de los propietarios originales, fueran estos indígenas con derechos ancestrales u honrados agricultores, como al parecer lo era Don Ezequiel Caballeros.

Con este pequeño contexto histórico de la época sólo busco reforzar los argumentos que mi bisabuelo daba para aclarar que de ninguna manera fue culpable del asesinato de su padre, ocurrido justo hoy hace 106 años. Las tierras del departamento de Chilón eran sumamente valiosas. Ese desgarrador malentendido, sólo es testimonio de otro crimen más por culpa del gran tormento de los últimos siglos: el capitalismo.

Ojalá que esta hipótesis histórica pronto se convierta en una microhistoria comprobada. Mientras tanto, a continuación transcribo el texto al que mi bisabuelo tituló ¿Crimen misterioso?
Y que en paz descansen ambos personajes...
¿Crimen misterioso?

No hace mucho tiempo que así consideraba yo el que a grandes rasgos voy a relatar:

En la finca denominada "Candelaria Pamanavil" del Departamento de Chilón se deslizaban las horas de mi vida casi feliz, disfrutando de la tranquilidad que brindan las honradas faenas del agricultor: y era para mí tanto más dichosa aquella vida, cuanto que la disfrutaba de lado de un padre para mí tan adorado -Ezequiel Caballeros-. Rígido en el cumplimiento del deber cuanto cariñoso para cuantos le trataban, trabajaba con ese constante afán a que nos induce el deseo de mejoramiento, procurando conservar y ensanchar la propiedad: jamás tuvo diferencia alguna con la vecindad, pues si alguna surgía era solucionada por la bondad de su carácter. Pero ¿A qué hacer yo el panegírico de este hombre? Pudiera obrar con apasionamiento inspirado por el amor filial. Dejo a la sociedad que le trató el derecho de calificarle.

El 13 de febrero de 1905 salí con dirección a una finca inmediata para arreglar asuntos relacionados con los negocios de mi casa, y cuando ajeno a todo presentimiento volvía yo al hogar, fui sorprendido como a tres millas por unos sirvientes que a pie, jadeantes y con emocionada voz me dijeron- "Corra usted porque han matado a su papá".

Atónito por semejante noticia, quedé como petrificado en aquel punto, mas volviendo en mí apresuré la marcha abrigando la esperanza de que aquello no sería cierto y... llego a la casa. Allí la realidad inexorable se presentó a mis ojos... aquel padre venerable y querido que no ha mucho dejara yo lleno de vida y de esperanza; aquel padre y amigo cariñoso, volvíale a ver cadáver yerto, ensangrentado... interrogué cómo había ocurrido aquello y sólo supieron decirme que a las 7 p.m. mi padre cenaba tranquilo cuando de improviso se escuchó la detonación de una arma de fuego y el golpe que al caer produjera el inanimado cuerpo de mi infortunado padre!

Abismado bajo el peso de mil y mil encontradas ideas, en vano me preguntaba quién podría ser el autor de aquel crimen: careciendo de enemigos declarados, inútilmente recorría los sucesos de la vida tranquila de mi padre pretendiendo encontrar por ellos el hilo que me condujese al descubrimiento del criminal... Un hecho se fijó persistente y tenaz en mi imaginación. Dos sirvientes habían sido despedidos pocos días antes, por su mala conducta. Después de un ligero altercado con mi padre por cuestiones de trabajo ¿Podía uno de estos tomar venganza de semejante manera por un hecho tan baladí? Era presumible, pues no es remoto registrar hechos de esta naturaleza tratándose de gente inculta... Al efecto, comuniqué mis sospechas a la Autoridad y se procedió a la captura de estos individuos: próximos a ser puestos en libertad por falta de pruebas fui llamado a la cabecera de un moribundo sirviente nuestro; quien me hizo revelaciones de tal naturaleza que me convencieron de que si bien la mano que había ejecutado el crimen era tosca y miserable, en cambio la mano que armó al asesino era mano enguantada y de perfil aristocrático.

¿Qué fin perseguía el instigador? No podía yo imaginar ni comprender tanta maldad. Pero transcurre el tiempo. Los detenidos son puestos en libertad y así como al cadáver de mi padre infortunado cubrían unos cuantos palmos de tierra, también al legajo de las diligencias seguidos en este asunto se les cubrió con un velo que la incuria de nuestros Jueces muchas ocasiones teje para enredar entre su hilos, más tarde, no al verdadero criminal sino a un inocente.

Durante más de un año busqué con infatigable constancia al que por un puñado de monedas me dejara en la orfandad, y de deducción en deducción llegué al convencimiento moral de haber encontrado al hombre que buscaba y de conocer el móvil que indujo a su instigador.

Hay ciertas gentes, me dije, que ambicionan la posesión de "Pamanavil" y como mi padre jamás quiso vender, le hacen que desaparezca pensando que su desaparición traerá discordias entre sus heredores [sic]. Desmembrada la familia, como es pobre, compraremos por tres cacaos la propiedad.

¿Quién se encarga de hacer desaparecer al padre? Cualquier ganapán o el primer pícaro que quiera venderse.

Sentadas estas conclusiones las comuniqué a persona de experiencia manifestándole que aún a costa de mi vida conseguiría yo las pruebas materiales para confundir a nuestros enemigos, pero me aconsejó que no intentara tal cosa, puesto que aún en el caso de adquirir esas pruebas no podría luchar con mis enemigos poderosos, porque cuentan con la influencia del dinero. Escuché este consejo y permanecí callado rebosando hiel mi corazón... Dos años después estando en Comitán se me exhorta por el juez de Chilón; este exhorto intempestivo y algunos rumores a los cuales no había yo dado importancia, me indujeron a transferir a un hermano la parte que me correspondía de "Pamanavil".

Presente ante el Juez citado me hace saber que yo era responsable de la muerte de mi padre. ¡Aberración increíble! Dos años necesitó lo que llaman justicia para declinar en mí tal responsabilidad para sin fundamento de ninguna especie pretender arrojar sobre mi frente el estigma parricida!

No quiero insistir en lo eterno de mis noches y en lo sombrío de mis días de presidiario; en esos crueles sufrimientos que amargaron la vida de una buena madre ni el pesar de mi familia; tampoco quiero por ahora, exhibiendo pruebas fehacientes, narrar los medios indignos de que se valieron mis detractores para querer hacerme descender ante la sociedad al nivel de asesino. Sólo quiero manifestar la conclusión de aquellas deducciones que sentí anteriormente. "Con la muerte de Don Ezequiel no se logró poner en pugna a sus herederos. Hagamos aparecer a uno de ellos como actor del crimen y cuando, después que caiga ensangrentado sobre el patíbulo, nos gocemos en la aflicción de esa familia, pobre, arruinada por los gastos de un largo proceso, compraremos "Pamanavil" no por tres sino por un cacao."

Si para alguien no se enlazan de manera razonable estas deducciones, para mí tiene la lógica del convencimiento.

Pero como no todo sale a medida del deseo, la sentencia de muerte que para mí pidió el Agente del Ministerio Público: esa sentencia que mis enemigos ansiaban con vehemencia ver ejecutada, la revocó en todos sus puntos el Tribunal Superior mandándome poner en absoluta libertad.

Vaya un voto de agradecimiento para el ilustre Abogado de mi causa y uno de admiración para los incorruptibles Magistrados que interpretando la justicia, no inclinan la balanza de la ley ante simpatías personales, ante el humo de la adulación ni al sonido del dinero!

¿Crimen misterioso? Así titulé esta cansada historia. Ahora suprimo los signos de interrogación y callo; ojalá no se me obligue a publicar detalles comprobados que si bien a los verdaderos protagonistas avezados al mal ningún cuidado les daría, en cambio harían aparecer el rubor sobre la frente de sus hijos y le acarrearía el anatema de la sociedad. Yo en cambio, sólo la vida tengo que perder: hace tiempo que está expuesta.

Padre mío ¡Ante Dios y ante la sociedad, tú sabes que soy inocente de tu muerte: tu memoria ha e pesar siempre como loza de plomo sobre la conciencia de mis detractores, mientras de los labios de tu herida incurable brotará perpetuamente para ellos el calificativo de Asesinos!


Comitán, Marzo 4 de 1909.

Hermógenes Caballeros.



*La expresión de los cacaos como moneda se debe a que, durante esos años, el cacao todavía era considerado valioso. De hecho, en 1910, cuando Díaz dejó la presidencia y Emilio Rabasa dejó la gubernatura de Chiapas, los conservadores del estado pugnaban por la autonomía chiapaneca. Para llevarlo a cabo, una de sus principales propuestas fue que la moneda fueran los granos de cacao o el gaucho guatemalteco (García de León, 1999: 223).


BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA DE LEÓN, ANTONIO
2002 Resistencia y Utopía. Memorial de agravios y crónica de revueltas y profecías acaecidas en la Provincia de Chiapas durante los últimos quinientos años, Editorial Era, México (Problemas de México).

VOS, JAN DE
1988 Oro verde. La conquista de la Selva Lacandona por los madereros tabasqueños, 1822-1949, Fondo de Cultura Económica, Instituto de Cultura de Tabasco, México


FUENTE DOCUMENTAL

CABALLEROS, HERMÓGENES
1909 ¿Crimen misterioso? [2 ff.], documento de archivo personal.